Archive for febrero, 2015


Carl Sagan:

‘Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez escuchaste, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada ‘superestrella’, cada ‘líder supremo’, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí -en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.’

‘Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.’

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La Tierra: un 'punto azul pálido'.

La Tierra: un ‘punto azul pálido’. NASA / Voyager 1

  • El 14 de febrero de 1990, siguiendo una sugerencia de Carl Sagan, la sonda Voyager 1 tomó una foto de la Tierra desde unos 6.050 millones de kilómetros de distancia

  • La imagen inspiró a Sagan su libro ‘Un punto azul pálido’

RAFAEL BACHILLERMadrid

Actualizado: 14/02/2015 07:49 horas

El 14 de febrero de 1990, siguiendo una sugerencia de Carl Sagan, la sonda espacial Voyager 1 tomó una fotografía de la Tierra desde unos 6.050 millones de kilómetros de distancia. Esa imagen, en la que nuestro planeta aparece como un pequeño punto de luz inspiró a Sagan su libro ‘Un punto azul pálido’ y se convirtió rápidamente en una de las imágenes más emblemáticas e influyentes de la historia de la ciencia.

Carl Sagan, un punto azul pálido Mario Viciosa

Hacia los confines del sistema solar

La sonda Vogayer 1 fue lanzada por la NASA en 1977 con el fin de explorar los planetas gigantes y las regiones más externas del sistema solar. En 1979 nos ofreció unas magníficas imágenes de Júpiter y sus lunas, y en 1980 del sistema de Saturno. Nunca antes se habían podido observar estos astros con tanto detalle. Aún hoy, después de más de 37 años, la nave sigue recibiendo comandos y enviando datos, aunque no imágenes. Se encuentra ahora saliendo del sistema solar, a unos 19.540 millones de kilómetros de distancia (esto es, unas 130 veces más lejos de la Tierra que el Sol), viajando a una velocidad de 61.000 kilómetros por hora, y se espera que la nave siga funcionando hasta el año 2025 aproximadamente, cuando sus generadores termoeléctricos no sean ya capaces de suministrar energía para ninguno de sus instrumentos.

La sonda Voyager 1. NASA

Cuando la Voyager 1 había terminado su principal misión, en 1980, y ya se alejaba de Saturno, el gran astrónomo Carl Sagan hizo una sugerencia a NASA para que la nave dirigiese su cámara hacia la Tierra y tomase una última imagen de nuestro planeta. Sagan admitía en su propuesta que esa imagen no obtendría suficiente detalle para realizar un estudio científico de la Tierra, pero argumentaba que la imagen podría ser ilustrativa del lugar que ocupa el hombre en el universo.

Hubo división de opiniones en la NASA. Mientras muchos miembros del proyecto Voyager 1 eran favorables a la idea de Sagan, otros argumentaban que dirigir las cámaras hacia la Tierra, vista desde la nave en una dirección próxima a la del Sol, podría poner en peligro los detectores. La idea de Sagan tardó 10 años en llevarse a la práctica. En 1989, el proyecto Voyager 1 estaba acabándose y su personal se dispersaba. Sagan renovó su petición elevándola a las instancias más altas de NASA; si esa foto única no se tomaba entonces, se perdería la ocasión para siempre. Finalmente realizó la petición en persona al mismísimo Administrador de NASA, el piloto y astronauta Richard Trury, quien lideró esta Agencia entre 1989 y 1992.

Retrato de familia

Fue Trury quien intercedió para que se tomasen fotografías de los 6 planetas que eran visibles desde la Voyager 1 (Venus, la Tierra, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno), constituyendo así un ‘retrato de familia’ del sistema solar, un mosaico formado de 60 imágenes individuales. Como parte de este retrato, el 14 de febrero de 1990 las cámaras de Voyager 1 se orientaron hacia la Tierra. En ese momento, la Voyager 1 se encontraba a unos 6.050 millones de kilómetros de la Tierra (unas 40 veces más lejos que la Tierra del Sol).

Retrato de familia. NASA / Voyager 1

De las dos cámaras que equipaban la Voyager 1, se utilizó la de mayor resolución y pequeño campo de visión (la denominada ‘NA’ por ‘Narrow-Angle camera’) con varios filtros diferentes para obtener las imágenes más detalladas posibles de nuestro planeta. Y aún así, la Tierra solo resulta visible en tres de las imágenes (con filtros verde, azul y violeta) que fueron tomadas con tiempos de exposición de unas 5 a 7 décimas de segundo y que fueron combinadas para formar la imagen que es hoy mundialmente conocida como el ‘punto azul pálido’.

En la famosa imagen, la Tierra se ve a través de unas bandas luminosas que son efectos artificiales ocasionados por reflejos y por la difusión de la luz solar en diferentes partes de la cámara.

La Tierra y la Luna desde Marte. NASA

En 1994, Carl Sagan publicó su famoso libro ‘Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio’, y a partir del libro, se hizo a continuación un vídeo que dio la vuelta al mundo entero. Tanto en el libro como en el vídeo, con su estilo habitual, emocionado y entusiasta, Sagan reflexiona sobre el lugar del hombre en el universo, relativizando los problemas al ponerlos en un contexto cósmico. Ciertamente, la Tierra vista desde la lejanía, considerada como un objeto astronómico más, comunica eficazmente una idea de fragilidad.

Aunque con una masa superior a la suma de las de Mercurio, Venus y Marte, la Tierra es mucho más pequeña y ligera que los otros cuatro grandes planetas del sistema solar (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). Pero comparada con todos los otros planetas del sistema, la Tierra posee características muy diferenciadoras. En contraste con las áridas superficies de los otros planetas rocosos, el 71 % de la superficie de nuestro planeta está cubierto por agua. Los efectos de dispersión y polarización de la luz solar en la atmósfera de la Tierra y en los océanos, son los que crean el pálido color azulado en la imagen.

La Tierra en los anillos de Saturno. NASA/JPL-Caltech/SSI

Pero naturalmente, lo que nos atrae del punto azul pálido es la toma de conciencia de que todos estamos ahí, de que ése es nuestro único hogar. La vida exuberante que se manifiesta por doquier en nuestro planeta nos aparece desde esa perspectiva comouna característica extremadamente delicada. Es por ello que ésta, junto con otras imágenes de nuestro planeta tomadas desde el espacio, ha contribuido enormemente a construir una conciencia ecológica en el hombre.

Este punto azul pálido vuelve a recordarnos hoy que el hombre se enfrenta a unos retos sin precedentes. Por un lado el crecimiento de la población y el desarrollo imponen unas necesidades de recursos naturales que no cesan de crecer, y crecer de manera meteórica. Pero, por otro lado, según los científicos vienen repitiendo hasta la saciedad, la explotación masiva de los recursos naturales, tal y como se realiza hoy en día, claramente no es sostenible.

Las pautas de comportamiento que el hombre ha mantenido durante el último siglo no permitirán que el planeta y su actividad biológica perduren a largo plazo tal y como los conocemos hoy. Para mantener la calidad de vida de una población que crezca felizmente será indispensable modificar profundamente nuestras pautas de comportamiento. Mayor austeridad y mayor respeto hacia todos y cada uno de los componentes de la biosfera son los criterios esenciales para que nuestro punto azul pálido tenga posibilidades de perdurar exuberantemente habitado.

La Tierra desde el espacio

Desde la Luna. NASA / Apolo 8

La primera imagen emblemática del planeta Tierra fue la obtenida por la tripulación del Apolo 8 en 1968. Tras tres días de viaje, esta nave espacial tripulada por tres astronautas dio 10 vueltas a la Luna en unas 20 horas. El día de Nochebuena se realizó una emisión televisiva en la que se transmitió la primera imagen de la Tierra levantándose tras el horizonte de la superficie desolada de la Luna. Era la primera vez que se fotografiaba nuestro planeta desde otro cuerpo celeste.

En 1972, la NASA publicó otra imagen muy simbólica de la Tierra conocida como ‘la canica azul’. En esta imagen, tomada a una distancia de 45.000 kilómetros por los astronautas del Apolo 17, nuestro planeta aparece en todo su esplendor, completamente iluminado. En el año 2012, se hizo pública otra versión de ‘la canica azul’ que fue construida a partir de imágenes de alta resolución y con poca cobertura de nubes.

La ‘canica azul’. NASA / Apolo 17

Durante el año 2013, el astronauta canadiense Chris Hadfield desde la Estación Espacial Internacional estuvo tomando numerosas imágenes de la Tierra que distribuía en tiempo real por las redes sociales. Esas imágenes de ciudades y de lugares particularmente interesantes atrajeron la atención de millones de ciudadanos repartidos por todo el planeta.

De entre las imágenes espaciales de la Tierra más recientes e impactantes cabe destacar la que tomó la sonda Cassini a través de los anillos de Saturno el 19 de julio de 2013, o la tomada por el robot Curiosity desde Marte el 31 de enero de 2014; en ambas se distinguen tanto la Tierra como la Luna. Pero ninguna de estas ha tenido el impacto que tuvo, y que sigue teniendo 25 años después, la imagen del ‘punto azul pálido’.

Los discos de oro de las Voyager

Las sondas Voyager 1 y 2 transportan discos de oro con saludos en 59 lenguas, sonidos, música e imágenes de diferentes culturas de la Tierra. Estos discos están pensados para durar millones de años, por si en algún momento fuesen encontrados por alguna civilización extraterrestre.

Discos de oro con saludos y sonidos de la Tierra. NASA

Naturalmente, la probabilidad de que otra civilización encuentre estos discos es extremadamente baja. En el caso en el que la trayectoria de uno de los Voyager pasase por una estrella cercana, el tiempo que tardaría en alcanzarla es de, al menos, 40.000 años. Por todo ello, estos discos no pueden considerarse como un intento realista de comunicarse con otras civilizaciones. Sin embargo, Carl Sagan opinaba que ‘el lanzamiento de esta botella dentro del océano cósmico dice algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta’.

El contenido de los discos fue definido por Carl Sagan junto con la directora creativa del proyecto, Ann Druyan. Durante estas tareas, Sagan y Druyan entablaron una relación que culminaría en matrimonio en 1981 y que duraría hasta la muer

Los mensajeros de la Tierra: 25 años del Pálido Punto Azul

febrero 2015

Considera de nuevo ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros […] una mota de polvo suspendida en un rayo de sol”. El astrofísico y divulgador Carl Saganescribió estas palabras inspirado por una fotografía de la Tierra tomada el 14 de febrero de 1990 desde una distancia de 6.000 millones de kilómetros. La imagen, bautizada como Un punto azul pálido (Pale Blue Dot), fue obtenida por la sonda Voyager 1 de camino hacia los confines del Sistema Solar.

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La foto, de la que ahora se cumplen 25 años, muestra un fondo en el que apenas se distingue la Tierra, una mota clara que ocupa solo 0,12 píxels de los 640.000 que componen la imagen. Por un efecto de los reflejos del Sol en la cámara, el punto parece flotar en un haz de luz. Sagan tenía una motivación especial con esta fotografía, ya que de hecho fue él quien sugirió que la Voyager 1 girara su cámara en redondo para obtener esteselfie de la Tierra a larga distancia. Las imágenes fueron transmitidas por radio a la base terrestre a lo largo de tres meses, a razón de cinco horas y media por cada píxel.

El primer ser humano en posar sus ojos sobre este histórico documento fue la científica planetaria Candice Hansen, por entonces en el equipo de imagen del programa Voyager en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA. “Estaba sentada en mi consola, revisando las imágenes que habíamos recibido aquel día”, relata Hansen para OpenMind. En los retratos del Sistema Solar, la científica identificó a Urano y Saturno con facilidad, pero al mover la cámara hacia los planetas interiores, el efecto del Sol ensuciaba las imágenes; la presencia de la Tierra no era obvia. “Entonces vi un punto brillante en un rayo de luz reflejada, y rápidamente metí los otros dos colores para ver si estaba allí; y estaba”. “Entonces estuve segura”, continúa Hansen. “Y aquel día, y aún hoy mientras escribo estas palabras, un escalofrío me recorre la espalda. Es tan emocionante ver nuestro planeta desde tan lejos…”.

Este año, la sonda New Horizons de la NASA será el primer artefacto humano en sobrevolar Plutón. Es la misión con el objeto de estudio más alejado de la Tierra hasta ahora, pero no el aparato más distante. Cuatro veteranas sondas hoy prosiguen sus periplos hacia el espacio interestelar: las Voyager 1 y 2, y las Pioneer 10 y 11. Estas dos últimas, diseñadas como una especie de ensayo general para las Voyager, fueron lanzadas en 1972 y 1973, respectivamente, y completaron con éxito sus cometidos en Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Siguen viajando, aunque ya sin contacto con la Tierra.

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Las dos Voyager despegaron en 1977 con el objetivo de examinar los planetas exteriores del Sistema Solar. La Voyager 1, la más veloz, adelantó a la Pioneer 10 el 17 de febrero de 1998, convirtiéndose desde entonces en el emisario humano más alejado de la Tierra. El 25 de agosto de 2012, la sonda abandonó los dominios del Sol para internarse en el espacio interestelar, un destino que seguirá su gemela en los próximos años. Ambas siguen activas y en contacto con la Tierra. Según informa la web del programa en tiempo real, la Voyager 1 se encuentra ya a más de 19.500 millones de kilómetros, y su hermana, que ha sobrepasado a la Pioneer 11, a más de 16.100.

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Los cuatro aparatos fueron concebidos para errar por el universo, en principio para siempre, ya que en el espacio apenas sufrirán deterioro. “Hay rayos cósmicos, gamma, etcétera, pero deberían permanecer intactos”, dice Hansen. Y en esos viajes hacia la eternidad, los artefactos van equipados con mensajes de la Tierra, por si en su largo peregrinar cayeran en otras manos. Las Pioneer llevan sendas placas con grabados que muestran las figuras humanas, nuestra ubicación en el cosmos y el recorrido de las sondas, todo referido al átomo de hidrógeno como escala universal. Por su parte, los mensajes de las Voyager son sonoros además de gráficos, con imágenes, sonidos y música de la Tierra; todo ello almacenado en discos fonográficos de cobre bañado en oro (con aguja incluida), con una tecnología analógica como la de los tocadiscos. Esos mensajes pueden consultarse en formato digital en la web goldenrecord.org.

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Sagan fue también uno de los principales impulsores de estos mensajes hacia el infinito. El científico falleció en 1996, pero su obra pervivirá en este planeta y fuera de él. Hansen subraya que en tiempos del Pálido Punto Azul “la Guerra Fría aún era intensa entre EE. UU. y la URSS”. “Vivíamos con la amenaza de la guerra nuclear”, recuerda. “Creo que Carl [Sagan] sentía que la misión de la imagen era mostrar que estamos todos juntos en este precioso mundo. Hoy pienso que el significado de la imagen es el mismo, pero afrontamos una amenaza diferente, el cambio climático. Hoy, como hace 25 años, necesitamos entender que todos somos ciudadanos de este planeta; es nuestro único hogar”.

Javier Yanes, para Ventana al Conocimiento

@yanes68