Los Reyes siguiendo la Estrella. Mosaico en San Apolonio, Ravena.Los Reyes siguiendo la Estrella. Mosaico en San Apolonio, Ravena.

El astrónomo Rafael Bachiller nos descubre en esta serie los fenómenos más espectaculares del Cosmos. Temas de palpitante investigación, aventuras astronómicas y novedades científicas sobre el Universo analizadas en profundidad.

 

El Evangelio de San Mateo nos relata cómo los Magos siguieron a una estrella para ir a adorar a Jesús: ‘¿Dónde está el rey de los Judíos, que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle’ (Mateo 2, 2). ¿Tiene este episodio bíblico una justificación astronómica? ¿Hubo algún fenómeno astronómico que, al coincidir con el nacimiento de Cristo, pudiese servir de guía a los Reyes Magos?

Iba delante de ellos y se detuvo

La adoración de los Magos | Biblia iluminada por M. van der Borch, Biblioteca Nac. Países Bajos.

Al estudiar la base real de la Estrella de los Reyes Magos, el investigador se enfrenta con un gran vacío de datos. En la propia Biblia, las referencias a la Estrella son muy escasas. En los Evangelios, sólo la menciona San Mateo quien nos informa de que: ‘la estrella que habían visto [los Magos] en Oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño’ (Mateo 2, 9).

Aunque hay referencias a una estrella en algunas profecías del Antiguo Testamento (ej. Números 24, 17), se ofrecen pocas pistas sobre su ubicación en la esfera celeste o sobre su aspecto preciso. Resulta además sorprendente que la Estrella no sea mencionada en el relato de la Navidad del Evangelio según San Lucas (los otros dos Evangelios no narran la Navidad).

Cristo nació 6 ó 7 años ‘antes de Cristo’

Un elemento importantísimo para poder relacionar la Estrella con un fenómeno astronómico es la fecha exacta de su observación. La asignación de la Natividad al 25 de diciembre del año 1 no es más que una convención adoptada en los tiempos primitivos del cristianismo. La elección del 25 de diciembre pretendía sin duda aprovechar la tradición de celebrar una fiesta a la llegada del solsticio de invierno sustituyendo así otras celebraciones previas no cristianas. En cuanto a fijar en el año 1 el nacimiento de Jesús, proviene de un error de cálculo del sabio Dionisio el Exiguo (apodado así por su corta estatura) en el año 532. Más adelante, sirviéndose de ciertos hechos referidos en los Evangelios, se ha podido afinar en el año del nacimiento de Jesús.

Tanto Mateo como Lucas ubican la Navidad durante el reinado de Herodes y la muerte de este monarca está bien datada en el año 4 antes de Cristo (a.C.). Unos años antes, Herodes había ordenado ejecutar a todos los menores de 2 años, lo que permite deducir la fecha del nacimiento de Jesús a partir del relato que le realizaron los Reyes Magos cuando les mandó llamar a su palacio (Mateo, 2, 7-16). Todo ello, junto con otros argumentos, sitúa la fecha del nacimiento de Cristo hacia el año 7 ó 6 a.C.

En busca de la ‘estrella’

El cometa ISON observado el 18 de noviembre 2013.

ESO/TRAPPIST

En su famoso ensayo ‘La estrella de Belén’, Isaac Asimov examina varias alternativas tratando de asignar a la Estrella un fenómeno astronómico real. Estas alternativas han sido reconsideradas y ampliadas después por varios astrónomos, entre otros por el gran divulgador Patrick Moore y por Mark Kidger del Centro Científico de la Agencia Espacial Europea en Madrid. Las hipótesis más populares son las siguientes.

Un cometa.- Esta idea viene sugerida por la usual representación de la Estrella como un objeto cometario. Sin embargo, esta representación es relativamente reciente (procede de la Edad Media). En su cuadro ‘La adoración de los Reyes’, Giotto se inspiró para representar a la Estrella en el paso del Halley del 1301, en la época en que realizó la pintura. Pero, de hecho, no hay ningún registro conocido en ninguna civilización antigua del paso de un cometa brillante hacia los años 7-6 a.C. Sí que está narrado (por astrónomos chinos) el paso del Halley en el 12 a.C., unos 5 ó 6 años antes del nacimiento de Jesús, demasiado pronto para poder ser asociado con la Estrella de los Magos.

Remanente de la supernova de Kepler SN1604

NASA

Una supernova.- esta posibilidad fue ya avanzada por Kepler en el s. XVII. En efecto, la explosión de una supernova cercana habría sido un fenómeno espectacular que podría haber servido de base a la Estrella de Belén. Sin embargo, no hay ningún registro histórico, ni ningún resto de supernova conocido, que dé validez a esta hipótesis.

Meteoritos.- Una lluvia de meteoritos no parece ser una opción, pues Mateo tan sólo habla de una estrella en singular. Pero un único meteorito o un bólido, aunque hubiese sido muy brillante, es un fenómeno que tiene una duración demasiado breve (del orden de una fracción de segundo normalmente, aunque la estela de un bólido puede perdurar varios minutos) como para servir de guía a los Magos en su viaje.

Un planeta.- A veces se ha asociado a la Estrella de los Magos con Venus, pero resulta difícil de creer que los Magos, astrólogos de larga experiencia, se sorprendiesen por la situación o el aspecto de cualquiera de los planetas pues éstos presentan un comportamiento perfectamente regular.

Conjunción de Venus y Júpiter con la Luna, 1/12/2008

C. PIRES/A. DE SOUZA

Una conjunción de planetas.- Esta es la hipótesis que ofrece más posibilidades. La agrupación de dos o más planetas en una pequeña región del cielo puede ofrecer un aspecto espectacular y perdurar un periodo de tiempo suficientemente prolongado, lo que podría corresponderse con el fenómeno de la Estrella.

Las conjunciones ocurren con relativa frecuencia y es posible localizar algunas en la época que nos interesa. Por ejemplo, los dos planetas de mayor brillo aparente, Venus y Júpiter, estuvieron en conjunción en agosto del 3 a.C. y en junio del 2 a.C., en la constelación de Leo, cerca de la estrella Régulo, que también es muy brillante. Más cerca del nacimiento de Jesús, podemos citar la conjunción de Júpiter con Saturno en el 7 a.C. y otra de estos dos planetas gigantes con Marte hacia el 5 a.C., todas ellas en Piscis. También sucedió una doble ocultación de Júpiter por la Luna en el 6 a.C.

¿Fenómeno o leyenda?

Ninguna hipótesis astronómica es pues completamente satisfactoria. El problema es que no conocemos ningún fenómeno real que se corresponda con la descripción de un objeto que se mueve para guiar a los Magos y pararse después sobre una ubicación concreta (la del Portal). Rebuscando entre los fenómenos astronómicos de la época, quizás se llegue un día a localizar alguno que pueda ser asociado con la Estrella pero siempre nos quedará la duda de si no hemos forzado una explicación a posteriori.

‘La estrella de Belén’, gran acuarela de E. Burne-Jones

MUSEO DE BIRMINGHAM

Por el momento, cabe concluir con Asimov que la Estrella de Belén no es más que otro de los milagros narrados en la Biblia, similar a la partición del Mar Rojo, la multiplicación de los panes y los peces, o la transmutación del agua en vino. Fenómenos todos ellos que se nos refieren situados más allá de las leyes naturales.

Una estrella brillante y viajera ofrece una manera muy digna, elegante y espléndida para subrayar la enorme trascendencia que los cristianos asignan al nacimiento de Jesús.

Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional) y académico de la Real Academia de Doctores de España

Twitter: @RafaelBachiller

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