Así son los lugares extremos de Colombia

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10:19 p.m. | 05 de Abril del 2013

Sierra nevada del Cocuy

Sierra nevada del Cocuy, a 4.500 metros sobre el nivel del mar.

 Colombia tiene catalogados sus rincones: el más caliente, el más ácido y el más salado, entre otros.

El cielo es azul y el agua tiene un color entre esmeralda y aceituna. La normalidad del paisaje la alteran el olor a azufre y la presencia de cadáveres de pájaros, conejos y curíes, tirados a la orilla de la laguna Verde, en el parque nacional Los Nevados. Ellos llegaron a calmar la sed y se envenenaron con los minerales que emanan del fondo.

El lugar, incrustado en el cráter del extinto volcán Nevado del Cisne, alberga bacterias que, en palabras del biólogo Juan Manuel Díaz, están “hechas para funcionar en ese ambiente”. La laguna Verde es uno de los sitios que hospedan a los extremófilos, unos organismos que viven en condiciones extremas: lugares donde la temperatura es muy alta o muy baja, donde el ambiente es excesivamente salado o ácido o en los que no penetra el sol.

Todos ofrecen entornos hostiles, pero en ellos la vida se las ha arreglado para surgir. “Colombia es un país por conocer en este terreno, con muchos sitios donde prosperan los extremófilos”, afirma Jorge Iván Zuluaga, coordinador de Astronomía de la Universidad de Antioquia e investigador de astrobiología.

Esta disciplina científica, como explica Zuluaga, “trata de encontrar si hay otros lugares del universo en donde podría haber surgido la vida y de entender cuál fue el origen de la misma en la Tierra, si existe alguna conexión con el universo en relación con el origen de la vida”.

Además de ayudar a comprender los ambientes en que posiblemente surgió la vida en el planeta, el estudio de los ambientes extremos es, de acuerdo con Zuluaga, útil para identificar “qué características tienen esos organismos que viven allí y que les permiten soportar esas condiciones”.

El origen de la Tierra

Esa curiosidad impulsó a Díaz a recorrer el país durante un año para publicar el libro Ambientes extremos de Colombia, y para estudiar, entre otros sitios, las lagunas costeras de la alta Guajira, donde el suelo permanece cuarteado y se inunda por tres meses.

Ese es el hogar de la artemia salina, un cangrejo rosado que mide 2 milímetros y sirve de alimento a los flamencos, a los que les da su color. “Cuando entra el mar, los huevos, que han permanecido en el barro a la espera de las lluvias o de que entre el mar, eclosionan”, explica el biólogo.

Según él, analizar estos entornos obliga a pensar en que hace entre 2.500 y 3.000 millones de años “el origen de la vida en la Tierra estuvo muy controlado por ese tipo de condiciones”.

“Hay bacterias o microorganismos que viven en sustancias venenosas, como el cianuro, o en aguas termales”, anota Zuluaga. Incluso, algunos no necesitan recibir la luz del sol, como ocurre con habitantes de las cuevas de los Guácharos, en Huila, y de Cunday, en Tolima.

Allí, cucarrones y larvas de algunos insectos voladores se alimentan de los excrementos de guácharos (unos pájaros) y murciélagos. “Es un ecosistema sin fuente directa de energía, que depende de la entrada de materia orgánica desde el exterior en forma de caca”, afirma Díaz.

Estos insectos -cuenta el biólogo- son consumidos por animales que no abandonan la oscuridad: arañas sin ojos que han desarrollado patas y antenas larguísimas y que capturan a sus presas al detectar sus vibraciones; también por escorpiones y por escolopendras (ciempiés grandes que tienen la cola como un aguijón).

De la ficción a la realidad

Es amplia la variedad de lugares que ofrecen este tipo de condiciones en el país. “No podemos decir que tenemos algunos de los ambientes más extremos del planeta porque los inventarios no son muy amplios, pero sí podemos asegurar que Colombia es un país muy rico en estos sitios”, dice Jorge Enrique Bueno, director del Instituto de Astrobiología de Colombia (IAC).

Este biólogo comenta que hace dos años el IAC y científicos de la Nasa comenzaron a elaborar un catálogo de lugares extremos de Colombia, como el lago Azufral, en Nariño. “Allí hay microorganismos que viven en la laguna que es la boca del volcán”, sostiene Bueno, quien también da cuenta de la existencia de microorganismos en la roca salina en las minas de sal de Zipaquirá (Cundinamarca).

En cuanto al Amazonas, al biólogo Díaz le llamaron la atención las aguas negras, que nacen en la selva y recogen ácido del humus, lo que les da un color como el del té oscuro. A esas aguas, debido a su acidez, los mosquitos no se acercan y en ellas solo se encuentran ciertos peces muy coloridos. “El ambiente oscuro los obliga a ser muy luminosos”, manifiesta.

Dedicarse a investigar a estos seres -afirma Zuluaga, doctor en física- es fundamental. Con base en estos estudios se pueden hacer aplicaciones biotecnológicas que ofrecen beneficios directos. “Si un microorganismo vive en grandes concentraciones de ácidos, puede servir para remover contaminantes del agua, como el peróxido de hidrógeno, que se usa para blanquear la pulpa del papel”, agrega.

De la misma manera, esas pesquisas podrían aprovecharse para realizar viajes espaciales. Zuluaga se refiere a Marte, un planeta con radiación ultravioleta, muy frío, baja presión y mucha sequedad. “Se ha pensado en llevar allá organismos que soporten las condiciones iniciales y que lo llenen de gases para hacerlo habitable para otras formas de vida”, manifiesta.

“Suena a ciencia ficción, pero la ciencia ficción del presente es la realidad del mañana”, añade.

Como algo de ciencia ficción también pareció la noticia que hace unas semanas hablaba de la expedición Deepsea Challenge, que le permitió al director de cine James Cameron descender 11,2 kilometros por debajo del nivel del mar.

Se estima que en esas profundidades, sin luz, bajo una alta presión y con temperaturas de entre 0 y 2 grados centígrados, existen 750.000 especies marinas que no han sido catalogadas. Por eso, Zuluaga hace énfasis en la relevancia que estudios de esta clase tienen en el desarrollo de las sociedades.

“Es un asunto de visión -dice- y los países avanzados lo saben”. “Aquí los hemos visto como temas que no tienen importancia porque en Colombia somos muy inmediatistas, pero no todo tiene que tener aplicaciones inmediatas”, concluye el físico Zuluaga.

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